googlemail

Hace ya muchos años que la mayoría de nosotros contamos con una cuenta de email (o, como es mi caso, con alrededor de entre 5 y 10 distintas) para comunicarnos con amigos, colegas, familiares, suscribirnos a newsletters irrelevantes, dejar nuestros datos para concursos, enviar peticiones a la ONU o quejarnos de que el email funciona mal con nuestro proveedor de Internet. Así que a primera vista no sonó ni increíble ni sorprendente que Google, en ese momento no tan gigante como ahora, decidiera lanzar un servicio de email gratuito.

¿Pero qué cambió? Bueno, para empezar, Gmail es totalmente distinto. En su momento la promoción vino por el lado de la cantidad de espacio de que proveía en nuestras cuentas de email, que era de 1GB y que hoy se sigue ampliando hasta superar los 7GB para la mayoría de sus usuarios, y que muchas compañías luego decidieron replicar pero con mucho menos éxito, claro está.

Pero Gmail no es sólo un servicio de email gratuito con una increíble cantidad de espacio que probablemente jamás necesitemos, sino que es rápido, eficiente y con múltiples características que lo hacen tan especial y querible que cuando a Google se le ocurrió pedirle a sus propios usuarios que enviaran contribuciones en formato de video para armar un clip publicitario viral, nadie se lo pensó dos veces y la campaña fue un éxito.

Sus características más especiales son, además del espacio, la posibilidad de organizar los emails en conversaciones, superando aquella alternativa de tener que ver 18.000 mails distintos cuando se armaba una conversación entre varias personas, el filtro de spam o “correo no deseado” que es ultra efectivo a la hora de detener esas suscripciones de las que nos arrepentimos o el típico mail de promoción de Viagra, también los Google Labs, que nos permiten experimentar con nuevos lanzamientos de Google permanentemente y, por último, la posibilidad de integrarlo con teléfonos móviles ágil y sencillamente.


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