| El
SPAM y el ejercicio de la Libertad en la Red
por Claudia
Fonseca Martínez
http://www.rompecadenas.com.ar/spam/fonseca2.htm
publicado el 8/12/2005
Abstract:
(...) el vocablo “Spam” ha adquirido aún
mayor popularidad bajo la nueva connotación que se
le ha otorgado, la cual lo vincula de forma desafortunada
a una práctica nacida en el desarrollo de las comunicaciones
electrónicas que se originan en uso de la red de Internet
o integradas como aplicación de otras nuevas tecnologías
y que consiste en el envío de mensajes “comerciales”
no solicitados y, tal como se añade a tal conceptualización
por la regulación australiana, “no esperados”.
“La
libertad es el derecho de hacer
lo que no perjudique a los demás.”
- Lacordaire -
Apenas
un par de décadas atrás, el vocablo “Spam”
solía remitirnos a la idea del producto embutido comercializado
y popularizado en el mercado norteamericano a partir de 1930.
Sin embargo y, no sin sorpresa, su peculiar característica
de ser el producto más viable a ser combinado con todo,
llevó a la integración de tan popular vocablo
como referencia a una práctica nacida en el desarrollo
de nuevas tecnologías, fruto de la irrefrenable evolución
tecnológica, que le ha dado una mayor popularidad y
relevancia a dicho término.
De
esta forma, el vocablo “Spam” ha adquirido
aún mayor popularidad bajo la nueva connotación
que se le ha otorgado, la cual lo vincula de forma desafortunada
a una práctica nacida en el desarrollo de las comunicaciones
electrónicas que se originan en uso de la red de Internet
o integradas como aplicación de otras nuevas tecnologías
y que consiste en el envío de mensajes “comerciales”
no solicitados y, tal como se añade a tal conceptualización
por la regulación australiana, “no esperados”.
Pero
la sorpresa generada por la relevancia adquirida por esta
nueva connotación dada al vocablo, toma además
tintes de cínica comicidad cuando advertimos que esta
nociva práctica encuentra entre sus más férreos
defensores como principal sustento para su existencia en el
principio de que el comercio, sea establecido por el medio
que sea, no debe ser frenado, ni obstaculizado y que su ejercicio
debe ser libre, lo que no sin ánimos suspicaces nos
lleva a cuestionarnos si acaso los productores de tan codiciado
producto embutido denominado Spam pensarán que, la
referencia dada a esta práctica bajo similar denominación
a la de su producto populariza e incentiva la comercialización
del mismo.
Pero
aún, más allá de los tonos irreflexivos
y cómicos que se pretendan dar al tema, la realidad
es que rebasada la poca ortodoxa liga conceptual, a nivel
internacional se trabaja en alcanzar una definición
de Spam como fenómeno de ataque a los medios electrónicos
de comunicación, concepto difícil de construir,
considerando los múltiples conceptos y características
derivadas de la perspectiva particular del tema por la diferentes
legislaciones, lo que ha llevado a generar muy diversas definiciones
que impiden la necesaria homologación en un significado
común y el incentivar que a nivel de los usuarios se
identifique dicha práctica más como un “algo”
relacionado a las comunicaciones en red, que al producto comercializado
en el mercado de productos embutidos.
Y
es que en nuestro país, el término Spam
para la gran mayoría de los usuarios de las comunicaciones
electrónicas, aún no tiene connotación
o, al menos, no una claramente definida.
Resultado
de ello, no existe la conciencia a nivel de los usuarios de
que el Spam no afecta únicamente al correo electrónico,
sino que por igual comienza a tener presencia negativa sobre
otros medios de comunicación electrónica tales
como el sistema de mensajes cortos (SMS) en la telefonía
móvil (variante denominada como spim) y, que la recepción
de mensajes SMS, mensajes multimedia (MMS) o mensajes instantáneos
(IM) no solicitados no es algo natural a las comunicaciones
electrónicas, generando en su existencia afectaciones
e implicaciones a nivel de infraestructura, servicio, tiempo,
costos y confianza.
El
punto de partida para adquirir tal conciencia sobre las implicaciones
del Spam en las comunicaciones electrónicas y el desarrollo
de nuevas tecnologías, debe ser que a pesar de la resistencia
a considerar los hechos, la tecnología y su integración
a la vida común de los individuos, cada vez de forma
más violenta va haciendo mayores sus espacios de influencia,
obligándonos a formar parte del inicialmente denominado
mundo globalizado.
Como
resultado, paralelamente a la tecnología y los medios
que está provee, también los elementos, técnicas
y prácticas relacionadas a ellos, van alcanzando mayores
ámbitos de influencia, de modo que según datos
proporcionados por la empresa Postini, Inc., hoy, 10 de cada
14 mails son Spam y se calcula que para este año, la
incidencia de Spam alcance un porcentaje de 85% sobre el total
de mensajes electrónicos enviados.
Ante
tales hechos, es imposible ignorar el tema, ya que lo que
hasta hace algunos años significaba tomarse un par
de minutos para borrar los correos electrónicos de
emisores o contenidos desconocidos; hoy representa pérdidas
cuantiosas en tiempo, dinero y confianza.
En
la actualidad, abrimos nuestro correo electrónico con
la certeza de que de los posibles treinta mensajes electrónicos
marcados como entrantes, el resultado, en muchos casos decepcionante,
será el que en realidad solo uno sea el esperado, solicitado
y leído.
Pero
el conflicto no acaba ahí, pues ante una bandeja repleta
de mensajes todos bajo objetos y emisores dirigidos a mi con
suma confianza o bajo atrayentes leyendas de asuntos, la elección
de no lectura y borrado puede constituir una complicada decisión.
Y
en todo caso, quien podría evitar que un real y gracioso
amigo nos enviara un mensaje bajo la indicación de
un objeto tal como sex party, hi buddy! o algo similar, o
si la empresa para la que laboró estuviera en el ramo
farmacológico, el que un cliente estableciera como
asunto en sus mensajes, viagra o, si participara de algún
grupo político radical, el que algún colega
me enviará un mensaje bajo el asunto “Viva la
Revolución”?.
O
es que acaso cuando se habla de la libertad que debe existir
en la red, esta solo se refiere a la que los comerciantes
reclaman para publicitar y comercializar sus bienes y servicios?
¿Acaso esta no incluye la que como usuarios, debemos
tener para recibir los correos que solicitamos o esperamos
recibir?
Podría
entonces, el sostenido principio de que la libertad de uno
termina donde comienza la del otro, resultar equivocado.
Pero
eso no es todo, la elección para la lectura o borrado,
sobre la cual me refiero anteriormente, solo se presentaría
suponiendo, en el mejor de los casos, que los mensajes electrónicos
sospechosos de contener Spam alcanzaran el largo y no menos
azaroso viaje hasta mi bandeja de entrada de correo, logrando
evadir todos los obstáculos que los propios Prestadores
de Servicios de Internet (ISP’s) se han visto en la
necesidad de instrumentar a fin de verse menos afectados por
el Spam en su insfraestructura, en la calidad de sus servicios
y en los factores de riesgo a ser atacados por virus informáticos,
preseleccionando los mensajes que se permitirán o no,
pasar hasta mi bandeja.
De
cualquier forma, esto daña y obstaculiza por igual
el comercio de servicios que proveen los ISPs e incluso a
las empresas de comercio electrónico, al generar desconfianza
en el uso de los medios electrónicos para la comunicación
y sobre las transacciones comerciales en línea.
Pues,
quien ante la duda de abrir un mensaje sospechoso conciente
de que más allá de la pérdida de tiempo,
y con el avance de las comunicaciones electrónicas
esto pudiera generar la desafortunada y siempre molesta situación
de recibir un virus cargado a este tipo de mensajes, como
ocurre con frecuencia en la actualidad, que pueden afectar
mi sistema o convertirse en agentes de secuestro de mi computadora
para remitir un mayor número de spam a mis contactos,
no sucumbiría ante la adopción del conocido
refrán “la curiosidad mató al gato”.
Y
es que, hoy en día, la problemática relacionada
al Spam no reside en su existencia, sino en los efectos nocivos
que ella genera en muy diversos ámbitos, solo por enumerar:
1. Daña
la infraestructura informática, por un uso inútil
de la banda ancha, la denegación de servicio por saturación
o la transmisión de virus y gusanos.
2. Afecta
la operación segura y la administración eficiente
de los recursos de las redes públicas de telecomunicaciones.
3. Daña
la confianza y cultura en el uso de las comunicaciones electrónicas,
el e-comercio y las transacciones comerciales en línea.
4. Afecta
la productividad empresarial
5. Genera
importantes costos a los usuarios, empresas e ISPs
6. Daña
la competencia y la prestación de servicios de telecomunicaciones
de calidad
7. Igualmente
se ha transformado en un medio para la comisión de
delitos tales como el fraude, la pornografía infantil,
entre otros.
Así
que, ante los hechos, la mayoría preferiría
sostener como excusa para borrarlo de inmediato el también
por demás conocido refrán de “hombre
precavido vale por dos”.
Pero
y entonces, con tan identificados efectos nocivos, ¿Cuáles
son los fundamentos que sostienen la existencia y cada vez
mayor incidencia del Spam?
A
este respecto podemos identificar las respuestas en dos rubros,
la de índole formal y las de carácter operativo.
A
nivel formal, el principal fundamento es que los mensajes
comerciales bajo ciertas características, pudieran
resultar lícitos ya que impulsan el comercio y permiten
medios de publicidad a menores o nulos costos para los comerciantes
y son de fácil propagación.
El
hecho es que sobre el punto anterior, aun no existe una clara
diferenciación entre las características de
un mail comercial legal a uno ilegal, lo que no solo obstaculiza
el comercio sino además genera la desconfianza de los
usuarios hacia el comercio ejercible en línea y hacia
la eficacia en el uso de las comunicaciones electrónicas.
Ello,
sin contar que la característica de una publicidad
a menor costo y de fácil propagación se basa
en que el costo es transferido y cubierto por el usuario de
la cuenta de correo receptora, esto es, yo como usuario de
la red soy quien paga el ancho de banda que es utilizado por
otros para enviarme Spam, mismo que además puede utilizarme
como medio de recolección de direcciones de otros o
como agente emisor de más spam (zombies), haciendo
uso de técnicas que permiten la instalación
de programas que automatizan el envío de Spam a terceros
a través de mi equipo.
Porque,
es posible sostener que la esencia de la red es la libertad
que debe prevalecer como fundamento de su desarrollo; sin
embargo, si bien tal libertad implica la libre expresión
de las ideas y de contenidos en ella, igualmente dicho acto
de libertad deber incluir el ejercicio y protección
ineludible de las libertades fundamentales del hombre, como
el no ser molestado en sus propiedades y el ejercer libre
y voluntariamente la adquisición de bienes y servicios.
Es
decir, quiero suponer que si alguien requiere realmente de
un producto o servicio, no esperara a entrar a su cuenta de
correo electrónico o a recibir un SMS que se lo ofrezca
para adquirirlo.
Por
ello, me parece imprescindible el considerar que el ejercicio
de un derecho bajo ningún caso debe contraponerse al
ejercicio de otro, es decir todo derecho debe delimitarse
claramente a fin de no generar una competencia entre derechos,
lo que me parece inadecuado e inadmisible.
De
tal forma, toda protección a cualquier garantía
objetable a favor o en contra del Spam debe fundarse en acciones,
mecanismos y disposiciones que establezcan un equilibrio entre
derechos de comerciantes, usuarios y potenciales consumidores.
El
asunto del Spam no es una materia que pueda ser resuelta bajo
una solución única, ya que involucra a muy diversos
actores y en consecuencia, múltiples perspectivas e
intereses.
La
experiencia internacional hace advertir que tampoco es materia
de prohibiciones legislativas o creación de leyes específicas
(en general me parece que ya existen leyes aplicables), sino
de un conjunto de acciones en muy diversos ámbitos
y en que los actores asuman la responsabilidad que en cuanto
al control del Spam corresponde a cada sector.
La
realidad es que el Spam desde un punto de vista operativo
encuentra su principal razón y fundamento de existencia
en el hecho de que constituye un negocio que reporta importantes
utilidades a sus emisores. Si partimos de este hecho, entendemos
pues, que el tema es abordar y combatir de raíz las
razones de su existencia, esto es, la libertad que encuentran
los spammers en el uso y recolección de las direcciones
de correo electrónico, las ganancias económicas
que esto les reporta y la eficacia que como negocio implica
el Spam sin una diferenciación clara con la publicidad
comercial mediante las comunicaciones electrónicas.
En
consecuencia el combate al Spam debe partir desde sus elementos
de raíz, en que la observación y acción
de los diversos sectores involucrados desde sus particulares
ámbitos de acción, pero en una abierta disposición
a la cooperación y coordinación entre sectores,
resulta indispensable.
De
modo que en principio para la concepción e implementación
de acciones en el control del spam, es imprescindible lograr
un consenso, primero a nivel nacional y posteriormente internacional,
en cuanto a la definición y características
fundamentales del Spam, a fin de posibilitar la coordinación
y cooperación entre sectores y países en su
control y combate.
Asimismo,
en toda definición, acción o disposición
legislativa que se considere implantar para su control se
debe mantener un equilibrio entre el derecho a la privacidad
de los usuarios, su protección como consumidores y
el desarrollo legal del comercio electrónico.
Ahora
bien, todo usuario debe ser considerado en el uso de las comunicaciones
electrónicas no solo como potencial consumidor de bienes
y servicios, sino como consumidor de por sí de un servicio
de telecomunicaciones, el cual tiene derecho le sea prestado
de manera eficiente y bajo estándares de calidad y
seguridad definidos, de modo que la protección como
consumidor se le provea en ambas perspectivas planteadas.
Es
innegable que el desarrollo del comercio electrónico
debe ser protegido y promovido en beneficio de las economías;
no obstante los medios que posibilita la red para su ejercicio
son infinitos, sin que la libertad de ejercer el comercio
implique limitar las garantías que como usuarios de
las comunicaciones electrónicas el individuo debe tener.
Por
otra parte, resulta imprescindible asentar que en el combate
al Spam todos los actores y sectores involucrados tenemos
igual nivel de responsabilidad, cada uno en su ámbito
de acción.
El
principio de toda determinación de soluciones a un
problema debe partir del estudio y claro entendimiento del
mismo. De modo que la determinación de lo que es e
implica el Spam debe ser claro para todos los actores involucrados.
A
tales efectos, la divulgación de información,
educación y capacitación a los usuarios se convierte
en un elemento primordial dentro del desarrollo de mecanismos
de combate al Spam, para lo cual conformar campañas
de difusión informativa auspiciadas por la Autoridad
en coordinación con la Industria resultaría
una interesante propuesta a estudiar y adoptar.
En
este mismo sentido, la identificación y difusión
de mejores prácticas a los usuarios, en el combate
al Spam, es indispensable; lo mismo que establecer recomendaciones
a los usuarios de lo que en materia de seguridad es exigible
a los proveedores de servicios, generando en esa medida un
nivel mínimo de garantías y acciones exigible
a los prestadores de servicios, traduciendo este en un elemento
más para la competencia comercial de servicios y no
propiamente estableciendo una obligación bajo una disposición
regulatoria o legislativa que resulte no aplicable en la práctica.
Dentro
del contexto legislativo, un elemento primordial es que existan
medios de protección a los datos personales y a la
privacidad de las personas. Es claro que para que el Spam
se presente los spammers deben contar con las posibilidades
técnicas y regulatorias para hacer uso libre de las
direcciones electrónicas de los usuarios. Por ello,
es que el impulso en la implementación de una ley en
materia de protección de datos es imprescindible dentro
del contexto del combate al Spam.
Ahora
bien, es imprescindible tener claro que la experiencia internacional
advierte que una ley por sí sola no garantiza la desaparición
o control del Spam, de hecho la obstaculización de
redes públicas, la violación a las comunicaciones,
la violación a la intimidad de las personas, entre
otros son conceptos generalmente ya existentes en las legislaciones,
el punto es lograr que tengan clara aplicación al ámbito
de la red y comunicaciones electrónicas en general,
esto mediante la inclusión a sus textos de los conceptos
propios al tema.
De
este modo, no se requiere una ley que conceptúe al
Spam como una conducta delictiva, pues el envío de
mensajes comerciales no solicitados puede en sí misma
no ser una conducta perniciosa en sí misma. Por igual
establecer un tipo penal específico para sancionar
el fraude o robo por Internet, resulta innecesario considerando
que el Spam y la red no serían más que un medio
para la comisión de conductas delictivas ya determinadas
como tales.
Ahora
bien, por lo que se refiere a la industria esta debe estar
comprometida en la difusión de información y
generación de mecanismos técnicos y autoregulatorios
que permitan el control del Spam; así como establecer
reglas claras en el uso de los servicios de correo que provee.
Por
último, es primordial que además del equilibrio
entre la protección a la privacidad de las personas
y el desarrollo del comercio electrónico, toda acción
o mecanismo en el combate al Spam tenga como fundamento el
que la solución no resulte peor que el problema, esto
es, debe garantizar el ejercicio de los derechos de los usuarios,
al mismo tiempo que no obstaculice el desarrollo del comercio
electrónico y promueva la confianza en el uso de las
comunicaciones electrónicas, así como de las
transacciones en línea. Arduo trabajo para todos los
actores interesados en que el Spam no invada las redes y con
ello nuestros derechos.
NOTA:
Reproducido de Alfa-Redi, con permiso.
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